Los países tienen aciertos y errores, victorias y fracasos, y ni la victoria ni el fracaso son permanentes, ni lo son en todo, ni lo son para todos. Unos ganan, otros pierden, ¿no es así?

Sin embargo, cabe la pregunta: ¿sería descabellado pensar que como naciones, algunos pueblos son más proclives a cometer cierto tipo de errores que otros? ¿Será que algo en la idiosincrasia de un pueblo hace que se equivoque en algo, más que en otras cosas? Cuando un pueblo falla en algo, ¿por qué falla? Todos acertamos y todos nos equivocamos, pero quizás fallemos por causas distintas.

México no es un país fallido, tenemos ejemplos de sobra que pueden dar cuenta de nuestros aciertos. Y de igual manera, nuestros errores están a la vista y los padecemos todos los días.

Quisimos hacer un experimento a manera de juego y aplicamos algunas técnicas que utilizaríamos para saber la razón por la cual un producto podría fracasar y las extrapolamos para tratar de dilucidar por qué un país puede fallar en algo. Debo decir que este artículo no tiene ninguna pretensión académica, así que habrá que tomarlo con una pizca de sal. Pero los resultados fueron interesantes. Por supuesto, como en cualquier estudio de e-marketing, cabe la interpretación subjetiva. La idea era simplemente tratar de encontrar nuestra posición en la pirámide alimenticia, por decirlo de alguna manera, o bien, de intentar conocer si hay un momento en el que el mexicano es más suceptible de meter la pata.

¿Cuál es nuestro quinto partido como nación, como empresarios, como profesionistas? Si lo miramos en lo individual, veremos que no hay quinto partido. Algunos mexicanos alcanzan sus metas, otros no. Algunos son ricos, otros son pobres, algunos son felices, otros infelices. Lo mismo le pasa a los chinos y a los franceses si atendemos a cada individuo, eso está muy claro. Pero si lo vemos como país, podemos ver patrones, generalidades.

Así que generalicemos.

El experimento consistió en lo siguiente: sabemos que el 50% de las empresas en México quiebran durante su primer año. Así que tomamos datos de distintas fuentes para conocer cuáles son las causas a las que los empresarios mexicanos le atribuyen este hecho. Encontramos muchas, pero las podemos resumir en cinco:

  • Falta de apoyo gubernamental.
  • Exceso de controles, exceso de tramites burocráticos.
  • Corrupción gubernamental.
  • Política fiscal inadecuada e impuestos altos.
  • Falta de apoyo para créditos financieros.

Posteriormente, quisimos obtener esta información, pero de parte de las empresas alemanas que fracasan. Pensamos que sería fácil: un capitalismo tan competitivo como el alemán, debe dejar platos rotos. Pero para nuestra sorpresa no encontramos ningún estudio que hable de por qué las empresas alemanas fracasan. Intentamos entonces con otros países: Japón, Francia, Inglaterra. Encontramos algunos pocos artículos sobre empresas norteamericanas y empresas europeas que han fracasado.

En contraste con los mexicanos, los empresarios europeos y norteamericanos atribuyen sus fracasos a causas como:

  • Falta de innovación.
  • Insuficiencia en el presupuesto de marketing y ventas.
  • Contratación de personal poco apto.
  • Errores en la reformulación de la estrategia de marketing.
  • Errores en el canal de distribución.

Y muchos etcéteras.

Pero no encontramos una sóla publicación que hable de causas externas, ajenas a la empresa.

Y es aquí donde la cosa se vuelve interesante: Mientras que los mexicanos atribuyen su fracaso a causas externas en todos los casos (y sí, aunque coincidamos en que no era penal, el arbitraje en un partido de fútbol sigue siendo una causa externa), cuando un europeo o un norteamericano fracasa, lo atribuye a errores internos, a errores de los cuales él se sabe único responsable. Esto marca una diferencia enorme al momento de enfrentar cualquier problema, pero también al momento de sacar conclusiones y aprender de los errores propios y ajenos.

Una estrategia de marketing no es algo que se obtenga de una vez y para siempre. Es en cambio una herramienta que hay que afilar y reencaminar en muchos momentos. ¿Pero cómo podría un empresario plantearse una estrategia de marketing corrigiendo sus errores, si considera que estos fueron producidos por unos hilos que manejan unos desconocidos?

Al sustraer su responsabilidad de la ecuación, el empresario se priva de una de las partes más importantes del pensamiento empresarial: la posibilidad de un pensamiento estratégico.

Ciertamente, tanto los mexicanos como los europeos y los norteamericanos, padecemos la burocracia, las políticas fiscales, los errores de nuestros gobiernos, en fin, padecemos de las situaciones de nuestro entorno. Pero la perspectiva de quien reconoce su responsabilidad en sus errores y aciertos es muy distinta y le abre horizontes mucho más amplios.

¿Será ése el quinto partido que México debe aprender a ganar?

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